El esclavo que cuestionó a Dios
Lánzame. Destrúyeme. Desvanece lo que soy, si es eso lo que quieres. No me importa. No temo. Ya no me queda qué temer. Al principio creí en ti, ¿sabes? No por fe... no por amor... por obligación. Porque así me lo metieron en la cabeza, porque así me enseñaron, porque todos te nombraban y yo repetía.
Pero esa obligación se pudrió. Se deshizo como carne vieja. Y cuanto menos creía, menos queda de ti en mí.
¿Por qué? ¿Por qué no hiciste un mundo mejor? ¿Por qué nos diste tanta hambre, tanta guerra, tanto abandono? ¿Por qué los niños mueren con frío? ¿Por qué los hombres matan por un pedazo de pan? ¿Por qué los buenos se pudren en la miseria y los peores prosperan en oro? ¡Respónde!
¿Por qué nos condenaste a la necesidad? ¿A la enfermedad? ¿A los miedos? ¿Por qué este circo de dolor? ¿Por qué esta ruleta absurda? ¿Por qué unos nacen para sufrir y otros para pisotear? ¿Por qué esa maldita indiferencia desde las alturas?
Me cansé. Me cansé de rezarte, de buscarte, de esperar señales. No hay señales. No hay consuelo. Solo nos queda este mundo que se desangra día a día, mientras tú... ¿qué haces tú? ¿Observas? ¿Callas? ¿Juegas a ser ciego?
Y Dios entonces habló, su voz tembló el vacío:
—Yo no soy el amor que te contaron. No soy la ternura de tus libros ni el abrazo de tus rezos. Soy... lo que siempre he sido. Poder. Voluntad. No soy padre, ni madre, ni amigo. No vine a complacer, ni a curar tus heridas. No vine a crear un paraíso.
Creé. Y ya. Y lo que el mundo es... lo es por su propia fuerza. Quise el caos, porque del caos brota el cambio. Quise la necesidad, porque en la necesidad se mide el espíritu. Y sí: permito la miseria. Y sí: permito que los buenos caigan. No vine a garantizar nada. No vine a proteger a nadie.
¿Me culpas? Cúlpame. Tu rabia no me quema. Tu dolor no me conmueve. Yo soy. Y tú... solo eres uno más del montón.
—No mereces ese trono de “Dios” si solo te dedicás a mirar desde arriba cómo todo se pudre ¡Si tu grandeza es permitir que la miseria se coma a los vivos, que la injusticia gobierne, que la desesperanza ahogue! ¡Entonces no eres más que un parásito colgado de un cielo vacío! ¡No eres creador, ni padre, ni guía! ¡Eres un cáncer en el tejido del mundo! ¡Si no puedes darnos justicia, ni paz, ni un sentido a este caos... entonces no mereces existir!
Comentarios
Publicar un comentario