Te guste o no, hay que adaptarse.
Qué chévere ser joven. No hay mucho pragmatismo. En la mayoría de los casos no pagas impuestos directamente, no tienes una empresa que sostener, no tienes empleados dependiendo de ti y muchas veces el sistema está diseñado para que tu principal preocupación sea estudiar, salir de fiesta, enamorarte y vivir. Solo vivir. Eso, claro, en un escenario medianamente civilizado. Pero, ¿qué pasa cuando tienes siete años y ya sabes que un producto tan básico como el papel higiénico empieza a faltar? Cuando antes alcanzaba para el pancito del desayuno y después ya no tanto. Cuando la mantequilla se convierte en margarina y la margarina se convierte en "lo que haya". Ese tipo de cosas te marcan. Te guste o no, empiezan a construir tu forma de ver el mundo... Por eso siempre me ha parecido curioso cuando se habla de "conciencia social" como si fuera una sola cosa, como si existiera una única manera correcta de preocuparse por los demás. Yo no estoy tan seguro. Porque el que s...