Capítulo Final...
—A todas estas, ¿cómo te has sentido?
—No he visto semejante nivel de descaro..¿Quieres saber?
—Si
—Créeme que Valentina, es duro. No ha sido fácil, para nada. Trato de seguir con mi vida, de mantenerme ocupado, de sonreírle al mundo como si nada pasara, pero hay momentos —especialmente en esas horas silenciosas de la noche— en los que todo se siente extraño, vacío. Es como si le hablara al aire, como si esperara una respuesta que no va a llegar, y esa sensación, esa hijueputa sensación de soledad, duele hasta los huesos. Y duele. Quizá desde afuera me ves tranquilo, normal, incluso “chill” en redes, como si no pasara nada, como si ya todo estuviera superado. Pero no sabes cuántas veces al día me obligo a actuar, a fingir que estoy bien, solo para no tener que dar explicaciones. Porque sinceramente, ni yo sé bien qué me pasa. Es como un enredo de emociones que no logro desatar del todo. Me río, sí, pero por inercia. Camino, hablo, respiro... pero todo me sabe a cartón. Como si estuviera atrapado en una rutina sin alma, como un cascarón vacío que aprendió a sobrevivir sin sentir. A veces me pongo a pensar en lo que pasó entre nosotros, en cómo llegamos hasta aquí. Y me vuelvo un ocho preguntándome si fue mi culpa, si hice algo mal, si debí hablar más, escuchar más, pelear menos. O si simplemente era algo inevitable, algo que se nos salió de las manos. Tal vez fue tu culpa. Tal vez de los dos. Pero justo cuando estoy a punto de caer en ese agujero de preguntas sin respuesta, me topo contigo, tan feliz, tan tranquila al lado de ese chico… Y ni siquiera me dan ganas de enojarme, porque no tengo mente para eso. Solo bajo la cabeza y dejo que la tristeza me ahogue otro ratito. No lo digo con rabia, ni con celos. De verdad. No soy ese tipo de ex. No tengo la necesidad de invadir tu vida, ni de aparecerte con reproches. Te respeto, con todo lo que eso implica. Respeto tus decisiones, tu espacio, tu paz. No estoy aquí para molestarte, ni para cargarme de resentimientos que no sirven de nada. Pero aun así, aquí estoy. Jodido. Roto. Con todas estas palabras atragantadas que no sé si debería decirte, con este nudo en el pecho que no se deshace. No estoy esperando que me respondas, ni que me pienses, ni que me devuelvas nada. Solo necesitaba soltar esto porque me estaba tragando vivo. Y sé perfectamente que muchas veces me dijiste ciertas cosas sobre esto, que me hablaste con claridad, que me diste señales, advertencias, hasta verdades que no supe o no quise ver… pero créeme, cuando uno está cegado por el amor, duda de todo. Incluso de lo que es obvio. Uno se aferra a lo que quiere creer, se monta películas, se cuenta cuentos. Porque aceptar la realidad duele más que aferrarse a la mentira. Y yo me aferré a ti, Valentina. Como si fueras la única tabla en medio del naufragio. De todos modos, gracias. Créeme que contigo aprendí muchas cositas. Unas buenas, otras no tanto. Aprendí a besar con jaula de brazos, a sentirme seguro en ese tipo de abrazos que dicen más que las palabras. Aprendí que el amor también puede ser desear a alguien con solo mirarlo, con solo escuchar su voz, con solo imaginar que está cerca. Aprendí a querer dedicar cosas: canciones, dibujos, frases, tonterías… hasta silencios. Solo para que supieras cuánto te pensaba. Aprendí a querer bien, o al menos lo intenté. Pero también aprendí lo que es perder. Lo que es andar con el alma en carne viva, sin poder gritar. Lo que es caminar por la calle con los ojos secos pero el corazón llorando. Porque así me siento, Valentina. Muerto en vida. Como si lo que éramos se hubiera ido contigo y me hubieras dejado viviendo con los restos. No se trata solo de extrañarte, se trata de no reconocerme sin ti.
Y no sé si algún día esto pase. Si un día de verdad despierte y no me duela. Pero mientras tanto, sigo aquí, sobreviviéndome. Porque vivir, lo que se dice vivir, ya no sé si lo estoy haciendo.
—No te quiero ver más nunca en mi vida.
Esto lo encontré en mi agenda olvidada, escrito en junio del 2023.
No sé si lo escribí para recordarte, para soltarme o simplemente para no volverme loco.
Pero ahí estaba. Duele igual que ese día.
O peor… porque ahora sí sé que es real.
Aún no puedo creer que nadie supiera de tu existencia hasta hoy.
Fuiste mi secreto más sagrado, mi universo paralelo, mi capítulo escondido.
Y quizás por eso dolió tanto… porque lo que no se dice, se queda haciendo eco adentro.
Hoy, por fin, te dejo salir.
No para olvidarte, sino para que el mundo sepa que alguna vez, de verdad, exististe.
Espero que donde estés, estés bien.
Aún te recuerdo.
Y si volví a escribir este libro… es porque, en el fondo, todavía quiero inmortalizar a la chica que me dio el amor más bonito y la herida más honda.
La que me bailó el alma y luego me la dejó en silencio.
La que fui y ya no soy.
Tú.
Samuel Climastone. Todos los derechos reservados.
© 2025, Sin daños a terceros.
Comentarios
Publicar un comentario