+Locura -Tecnica
Enseñar y crear mundo en las personas ha sido, sin duda, el hilo conductor de mi vida. No importa el contexto ni el ámbito: si hay algo que puedo compartir, algo que sé o que siento con fuerza, lo entrego. Porque para mí, enseñar no es solo una transferencia de conocimientos; es sembrar mundos, construir universos enteros dentro de otros. Es ver cómo algo que empezó como una idea en mi mente se transforma en movimiento, en emoción, en energía pura dentro de otra persona.
Hoy, puedo decir con una mezcla de orgullo, alegría y hasta un poquito de asombro, que estoy viviendo algo que siempre soñé: compartir la danza con grupos diversos, dirigirlos, guiarlos y ver cómo mis coreografías se vuelven reales. Y qué rico esa sensación de mirar una puesta en escena y pensar: "¡Damn! Esta coreo es mía, yo la monté, es una coreografía completa, redonda, con principio, clímax y final!”
No se trata solo de contar ocho tiempos y hacer que la gente se mueva al ritmo. Se trata de llevar una idea desde la semilla más cruda hasta un jardín explosivo de expresividad, fuerza y personalidad. Cada paso tiene intención, cada giro tiene una historia, cada pausa tiene un porqué. Es un lenguaje que no se habla con palabras, pero que grita desde los cuerpos, desde la piel, desde las miradas. (Mentira, yo les vivo gritando a mis chicos para que vayan iguales)
Dirigir grupos de danza no es solamente organizar ensayos y revisar que todos estén sincronizados. Es descubrir las capacidades de cada bailarín, potenciar lo que los hace únicos, abrazar las diferencias y tejerlas dentro de una narrativa que, en su conjunto, se vuelve poderosa. Tan solo de pensar, cuando comencé a montar bachata, me aseguré de usar de ejemplo a las chicas y chicos con más actitud y ganas de hacerlo. Y creanme, no es un favoritismo, es agilidad.
En estos espacios que construyo desde la danza, no solo enseño pasos. Enseño a habitar el cuerpo, a reconocerse en el movimiento, a confiar en el otro, a tener presencia, a narrar sin hablar. Enseño a ser. Porque el baile, cuando se vive desde lo profundo, no es solo técnica: es alma. El mejor ejemplo es cuando le grito a mis chicos: "¡¡DURO!!" "¡¡COORDINEN!!" y más de uno pensará que me hacen estresar, tal vez si, pero eso es lo bonito de convivir y lo que hago, lo hago porque quiero que se destaquen del resto. No es lo mismo montar una bachata vacia y monótona a algo con piruetas y que emocione.
Y tal vez no soy el bailarín más técnico, el más pulido, el que te hace 32 fouettés sin despeinarse. Sé que me falta mucho, que el camino es largo y a veces pedregoso. Pero si algo tengo —y lo tengo a montones— es la locura y la pasión. Y, honestamente, yo juraría que con eso es suficiente.
Porque cuando uno tiene el fuego adentro, lo demás se construye. Se entrena, se pule, se aprende. Pero esa chispa que hace que no puedas dejar de moverte cuando suena una canción, que te lleva a imaginar pasos mientras vas en el bus, que te hace cerrar los ojos y visualizar una coreografía en tu cabeza como si ya estuviera en un escenario… eso no se compra ni se enseña. Eso es lo que a mí me empuja todos los días.
Tan solo de pensar en montar una bachata con piruetas —¡sí, bachata con piruetas!— ya se me enciende el alma. Imaginar esas fusiones raras pero sabrosas, como mezclar pop con vaquero, ¡TREMENDOOOO! Y ni hablar de la champeta. Qué gozo, qué energía, qué potencia. Montar una coreografía completa de champeta es como hacer una declaración de fiesta y libertad, como gritarle al mundo: aquí estamos, con el sudor en la frente y la sonrisa en la cara, listos pa' romperla.
Y es que no se trata de encajar en una categoría o cumplir con un molde. Se trata de crear desde lo que uno es. Yo no vengo con el título de "bailarín profesional" colgado al cuello, pero vengo con ideas que no me caben en el pecho, con ritmos que me atraviesan los huesos y con la necesidad casi vital de compartir lo que siento a través del movimiento.
Así que sí, puede que esté en construcción, puede que esté aprendiendo. Pero mientras tenga esta locura desbordada y esta pasión que me desvela, sé que voy en la dirección correcta. Porque al final, eso es lo que hace la diferencia entre una coreografía buena… y una que se queda en la memoria de quienes la bailaron y la vieron.
Samuel, 21/05/24
Comentarios
Publicar un comentario