El sonido del adiós.

Formar una banda fue una de las mejores cosas que me pasó en el 2024. Miguel y yo estábamos en nuestro último año, mientras que los demás integrantes aún tenían un camino por recorrer en el colegio. Entre ensayos, ideas locas y presentaciones, sentimos que habíamos creado algo especial.

El año terminó, y con él vinieron cambios. Ya no estábamos en el mismo espacio, las dinámicas cambiaron y, como pasa en la música (y en la vida), algunas cosas toman rumbos distintos. No voy a negar que al principio nos costó asimilarlo. Cuando vimos que la banda seguía adelante sin nosotros, con nuevos integrantes y sin muchas señales de incluirnos, sentimos ese vacío inevitable que deja lo que alguna vez fue importante.

Pero así es esto. La música sigue sonando, a veces con nuevos acordes, a veces con otras voces. Y aunque el panorama no es el que imaginamos al principio, lo que vivimos, lo que aprendimos y lo que creamos sigue siendo nuestro. No hay resentimientos, solo la certeza de que cada historia tiene su propio ritmo.


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