Llovieron Putazos

 Y sí, un carnaval de disfraces fue una rumba de putazos y a la vez mi primera pelea.


Hace un tiempo, mi antiguo colegio se basaba en pandillas, no en el sentido tercermundista, sino en el sentido de que éramos compañeristas, uno con uno y uno con el otro, así todos felices.

Si mal no recuerdo, mi grupo odiaba mucho, pero mucho al malparido 603, y nosotros éramos de 602. Yo, siempre pacifista, nunca quería problemas, y no era por ser un simple escuincle como ellos, solo tenía miedo de lo que podría llegar a hacer con mis manos calificadas como arma blanca.

Y sí, soy boxeador. Practico este deporte desde los seis años y a los once me calificaron como arma para la sociedad por lo que puedo llegar a hacer con mis puños siendo menor de edad.

Y pues, nuestro evento de carnaval empezó en el salón, estábamos preparándonos para salir al evento que era en el patio, cuyo lugar lo dividía una mesa en línea recta donde estaba todo lo comestible.

Mientras estábamos comiendo, unos manes del 603 solo pasaban a mi costado del hombro golpeándome como si fuera por no haber espacio, y sobraba resto.

Él pasaba y se devolvía golpeándome, y al pasar al menos unos segundos llegó un momento en el que Mateus vio mi cara y ya sabía que yo sabía que el man del 603 lo hacía a propósito.

Mateus, mi mano derecha en ese momento, vio que el man iba a pasar otra vez. Lo confrontó volteándole los hombros y mirándose cara a cara, y en fracciones Mateus le gritó: "-¿Qué le pasa, marica? ¿Usted no sabe con quién se está metiendo?" -le dijo Mateus-. Y mientras se miraban, mi corazón subía sus pulsaciones de tan solo pensar en una pelea con un man que me doblaba la altura y que, según su aspecto, había repetido al menos sexto grado dos o tres veces.

Pero yo solo me mantuve firme y me paré frente a él y le dicté mi más arrogante filosofía, porque si lo pensamos bien, él al pegarme un puñetazo, me da la ventaja de ir al baño, regresar y, conociendo su poca fuerza direccional, no llegaría a mi cara. Y, siendo así, le dije:

"No tengo la necesidad de pelear contigo. Ambos sabemos que esto no va a terminar bien. Y, más rápido te dañas la mano pegándome un mal puñetazo que yo cubriéndolo. Porque aquí, no hay reglas."

Tan solo terminé de decir "reglas" cuando él me lanzó un empujón tan fuerte que hizo que rebote con Mateus y me diera la suficiente fuerza de regreso a mi cadera y mi hombro para devolver ese puñetazo tan fuerte como pude. Y ahí, fue cuando comenzó la rumba de putazos.

Sonó un silbato. Su sonido aún lo recuerdo, sentí que fue escuchado hasta en la Patagonia, por así decirlo. Y eso, solo fue la indicación para que ambos cursos se alinearan para darse putazos.

Al segundo pitazo, eso fue puño por doquier. Y en ese momento, no pensé en los demás, pensé en mí, sabía que ese man al que dejé sin tabique iba por mí.

Dicho y hecho. Al salir del epicentro de los putazos, estábamos frente a frente. Con la diferencia de que él estaba con 3 manes igual de altos que él, y yo solo, porque mi grupo de Mateus y Lucas estaban dándose putazos en el epicentro.

Y pues yo, desquisiadamente botando sangre de mi nariz, salí corriendo al baño como una marica con miedo, porque para qué negar que tenía miedo. Sentía que era débil, tan solo pensando que era un chico muy pequeño, tenía apenas once años, y esos manes con 15 cada uno me doblaban la altura, pues...

Al entrar, me metí en un cubículo de baño a esperar. Y esperar fue mi perdición, porque finalmente me encontraron.

Solo entró uno, él empezó a patear puertas como si fuera Hollywood, pero no contó con que las puertas del fondo del baño se abrían hacia su derecha, lo que me dio tiempo de pegarle una patada a esa puerta, que recuerdo yo que quedó la abolladura que causó mi pie en la puerta.

Después de ese puertazo, que impactó contra la nariz del man, salí corriendo.

Al salir, conseguí por alguna extraña razón a Lucas y a Mateus peleándose a puño limpio con los amigos del man cuya altura me doblaban a mí, pero no a Lucas y a Mateus.

Y me dije a mí mismo: "¿Quién es el boxeador?" "¿Ellos o yo?".

En esas fracciones de tiempo en las que reflexioné, una patada en la mitad de la espalda me impulsó al suelo, lo que recuerdo me hizo girar por el pavimento al menos unos dos o tres metros. Y sí, era él con la cara desfigurada.

Mucho calcio evitó que mi columna dijera adiós.

Tan rápido como me levanté, me cuadré. En ese momento dije: "Esta es la calle, aquí no hay reglas, solo putazos."

Cuando ya estaba listo para bloquear lo que parecía ser un gancho lateral directo a mi mandíbula, en el medio se metió un guardia que, por medio de una llave toda extraña, inmovilizó al man, y a mí solo me esposaron, incluyendo a los otros dos de 603 y a mis amigos. Ya que se sabía de la hoja de vida de los tres comparada con la mía y la de mis amigos.

Pero eso no justifica que hayamos desatado una ola de putazos en el colegio, por lo que mi suspensión y la de M y L valió la pena.

Mi papá, recuerdo yo, después de putearme una hora por tanto daño y perjuicio generado a la propiedad, le salió una lágrima de orgullo, porque supo que utilicé mi arte para nada malo, solo me defendí con ética.

Luego de esta pelea, declararon a Lucas, a Mateus y a mí como arma para la sociedad, y eso para mí, fue un mérito.

Si sabes lo peligroso que puedes llegar a ser con nada más que dos puños cerrados, ten la ética, la filosofía y el sentido común de pensar en lo que puedes llegar a ocasionar. Por eso es bueno practicar el autocontrol, la paciencia y el carácter en sí.

Inspirado en el estilo de vida de un gran amigo, Nabhi. Taekwondista y probablemente el mas buscado en siete paises.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Red Bracelet

Que bonito es...

¿Ballet? ¿Función?