Y volví a abrir el chat...
En algún momento me caíste muy bien. En algún momento de verdad disfrutaba hablar contigo. Eras casi que la única persona con la que podía hablar a las tres de la mañana de cualquier cosa, sin filtros, sin sentir que estaba molestando, sin tener que pretender algo contigo. Simplemente hablar. Compartir música, contarnos el día, reírnos por cualquier bobada. Hasta había pensado en regalarte cosas algún día, no porque quisiera conquistarte, sino porque sentía que habías llegado a ser alguien muy importante para mí.
Y es raro... porque poco a poco empezaste a abrir partes de ti que, sinceramente, siento que no cualquiera conocía. Me hablaste de cosas que te dolían, de pensamientos que guardabas, de miedos, de heridas. Yo valoré mucho esa confianza. Nunca lo vi como un chisme ni como información cualquiera. Lo guardé porque venía de alguien que apreciaba.
Por eso también me animé a contarte cosas muy personales de mi vida. Cosas que casi nadie sabía. Pensé que estaban seguras contigo. Con el tiempo me di cuenta de que, al parecer, no todo terminó siendo tan privado como yo creía. Y eso pega duro. Muchísimo más de lo que imaginas.
Y duele porque, aunque el tiempo pasó, todavía a veces vuelvo a leer el chat. Veo conversaciones que en ese momento parecían normales y ahora pesan como si pertenecieran a otra vida. Me encuentro sonriendo por cosas que dijimos y, al segundo siguiente, me cae el golpe de que ya no hablamos, de que todo quedó ahí, congelado.
Lo más triste es que nunca te vi como alguien pasajero. Yo sí te quería. Muchísimo. No de una forma romántica, sino desde ese cariño que uno le toma a las personas que le hacen sentir acompañado. Llegaste a caerme incluso mejor que personas que llevaban años en mi vida. Y perder eso... perder una amistad que apenas estaba creciendo, duele de una manera muy rara porque uno siempre se queda pensando en todo lo que pudo haber sido.
A veces me pregunto si tú recuerdas algo de eso o si simplemente fui una conversación más entre tantas. Porque para mí no fue así. Para mí fuiste alguien que dejó una marca. Y aunque hoy ya no hablemos, aunque probablemente cada uno siga su camino, todavía hay una parte de mí que lamenta que las cosas terminaran así.
Aún conservo la planta, la manilla y la carta... Miss Ghosting...
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