¿Ballet? ¿Función?
Estos tres meses en Ballet Tierra Colombiana han sido un viaje intenso, raro y lleno de momentos que no me esperaba. Llegué con la ilusión de aprenderlo todo, pero también con el peso de ser “el nuevo”: no saber dónde pararse, depender de otros para ubicarse, dejarme arrastrar en medio de una coreografía para no perderme y, claro, recibir mis buenos regaños cuando las cosas no salían. En medio de eso, encontré calor en algunos profesores que te miran y ven el esfuerzo más allá de los errores, pero también entendí que no todos me verán como “Samu”; para muchos soy solo uno más. Con mi personalidad callada y tímida, encajar en un mundo donde todo es beso y abrazo no ha sido fácil. Muchas veces siento que observo desde afuera, como si estuviera viendo una película en la que aún no sé en qué momento entro del todo. Y aun así, poco a poco he ido encontrando mi lugar. Tal vez no soy el mejor, pero busco hacerlo bien. Aprendí que las caídas son parte del proceso, que la presión saca carácter ...