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Por ese hijo de puta.

Por ese hijo de puta tuve que reconstruir mi vida aquí. Lejos. Por ese hijo de puta me alejé de mi familia. Por ese hijo de puta no crecí jugando con mis primos. Por ese hijo de puta no pude abrazar a mis abuelos. Por ese hijo de puta no tengo ni un pasaporte. Por ese hijo de puta vi cómo mis amigos se quedaban y yo me iba. Por ese hijo de puta mis sueños tuvieron fronteras. Por ese hijo de puta aprendí a sobrevivir con miedo. Por ese hijo de puta crecí más rápido de lo que debía. Por ese hijo de puta vi cómo el país que amaba se desmoronaba. Por ese hijo de puta mis alegrías se hicieron a medias. Por ese hijo de puta aprendí a decir adiós antes de tiempo. Por ese hijo de puta la esperanza a veces duele más que la realidad. Por ese hijo de puta la vida me exigió ser más fuerte de lo que quería. Por ese hijo de puta cada logro sabe a triunfo robado. Por ese hijo de puta los abrazos se cuentan y no se dan. Por ese hijo de puta la justicia es un papel que no pesa nada fren...

Que bonito es...

Qué bonito es esperar más… pero no de otra persona, sino de uno mismo. Esperar más serenidad, más madurez, más días donde las cosas simplemente fluyen. La paz también es eso: mirar atrás sin rencor, mirar el presente con gratitud, y mirar el futuro sin prisa. Hay algo casi mágico en cuando la vida te devuelve una conversación que dabas por perdida. No vuelve la historia, no vuelve el caos, no vuelve el dolor. Vuelve la claridad. Vuelve la sensación de “ah, entonces no estaba loco, sí había algo pendiente”. Y de repente hablar ya no duele. Ya no pesa. Ya no arde. Solo fluye como si los meses se hubieran derretido en un segundo. Qué bonito es encontrar paz en esa sinceridad que antes no cabía entre dos. Pedir perdón sin culpa, entender sin reproche, reír un poquito sin miedo a abrir heridas. Qué bonito es escuchar que ambos la embarraron, pero desde la humanidad, no desde el veneno. Y más bonito aún es eso: saber que puedes verla, hablarle, sentir cariño… y mantener los pies firmes en tu...

¿Ballet? ¿Función?

Estos tres meses en Ballet Tierra Colombiana han sido un viaje intenso, raro y lleno de momentos que no me esperaba. Llegué con la ilusión de aprenderlo todo, pero también con el peso de ser “el nuevo”: no saber dónde pararse, depender de otros para ubicarse, dejarme arrastrar en medio de una coreografía para no perderme y, claro, recibir mis buenos regaños cuando las cosas no salían. En medio de eso, encontré calor en algunos profesores que te miran y ven el esfuerzo más allá de los errores, pero también entendí que no todos me verán como “Samu”; para muchos soy solo uno más. Con mi personalidad callada y tímida, encajar en un mundo donde todo es beso y abrazo no ha sido fácil. Muchas veces siento que observo desde afuera, como si estuviera viendo una película en la que aún no sé en qué momento entro del todo. Y aun así, poco a poco he ido encontrando mi lugar. Tal vez no soy el mejor, pero busco hacerlo bien. Aprendí que las caídas son parte del proceso, que la presión saca carácter ...

Red Bracelet

Me lo pensé dos veces antes de subir esto, pero igual… aquí va. Me preguntaron por qué no la odio, y la verdad no sé. Cada quien sana como puede. Yo no necesito borrar a nadie para seguir adelante. Para mí, sanar es vivir sin cargar piedras que no me sirven: sin rencor, sin quedarme pegado a lo que no funcionó. Sí, me dolió. Se tomaron decisiones que me dejaron hecho un ocho. Pero también hubo momentos hermosos, de esos que uno no puede negar sin traicionarse. Lo que fuimos tuvo su magia, y por eso mismo le deseo lo mejor. Que esté bien, que la vida le sume, que se encuentre, que crezca. Y sí… me moría de ganas de escribirle para su cumpleaños. De decirle un “¿cómo vas?” sin segundas intenciones, solo desde el cariño que todavía existe en mí. Pero nada… no era el momento. O tal vez yo ya no tengo espacio en su vida. A veces el silencio también es una forma de amor: no irrumpir, no tocar la puerta si ya no es mi casa, solo respetar desde lejos. La veo en sus videos y noto un cambio trem...

El esclavo que cuestionó a Dios

Lánzame. Destrúyeme. Desvanece lo que soy, si es eso lo que quieres. No me importa. No temo. Ya no me queda qué temer. Al principio creí en ti, ¿sabes? No por fe... no por amor... por obligación. Porque así me lo metieron en la cabeza, porque así me enseñaron, porque todos te nombraban y yo repetía.  Pero esa obligación se pudrió. Se deshizo como carne vieja. Y cuanto menos creía, menos queda de ti en mí. ¿Por qué? ¿Por qué no hiciste un mundo mejor? ¿Por qué nos diste tanta hambre, tanta guerra, tanto abandono? ¿Por qué los niños mueren con frío? ¿Por qué los hombres matan por un pedazo de pan? ¿Por qué los buenos se pudren en la miseria y los peores prosperan en oro? ¡Respónde! ¿Por qué nos condenaste a la necesidad? ¿A la enfermedad? ¿A los miedos? ¿Por qué este circo de dolor? ¿Por qué esta ruleta absurda? ¿Por qué unos nacen para sufrir y otros para pisotear? ¿Por qué esa maldita indiferencia desde las alturas? Me cansé. Me cansé de rezarte, de buscarte, de esperar señales...

Pre-final

Universidad Nacional, Bogotá. El sol cae tibio entre los árboles enormes, las hojas bailan con el viento, y las bicicletas zumban como parte del paisaje. Es uno de esos días donde el mundo parece respirar contigo. Hay un frío sabroso y mucha paz... Estoy en la cancha junto a Miche, riéndonos como pendejos mientras jugamos volley con otros dos compañeros. El balón va y viene, y entre cada punto que ganamos o perdemos, me doy cuenta de algo: estoy bien, tengo paz mental. Después de años arrastrando dolor como cadenas oxidadas… me siento ligero. No sabría decir si olvidé o no. Supongo que no. Pero ya no duele igual. Me relajé. Me reconstruí. Pasé el examen de la Nacional. Ahora estudio Ingeniería Química. Nada fácil, pero mía. Miche, como siempre en su viaje de loco brillante, estudia Ingeniería Petroquímica. Vivimos en un apartamento en Teusaquillo, medio vintage, con plantas que se niegan a morir y un gato callejero que adoptamos sin querer. Lo llamamos curiosamente atún porque si. Ya c...

Capítulo Final...

—A todas estas, ¿cómo te has sentido? —No he visto semejante nivel de descaro..¿Quieres saber? —Si —Créeme que Valentina, es duro. No ha sido fácil, para nada. Trato de seguir con mi vida, de mantenerme ocupado, de sonreírle al mundo como si nada pasara, pero hay momentos —especialmente en esas horas silenciosas de la noche— en los que todo se siente extraño, vacío. Es como si le hablara al aire, como si esperara una respuesta que no va a llegar, y esa sensación, esa hijueputa sensación de soledad, duele hasta los huesos. Y duele. Quizá desde afuera me ves tranquilo, normal, incluso “chill” en redes, como si no pasara nada, como si ya todo estuviera superado. Pero no sabes cuántas veces al día me obligo a actuar, a fingir que estoy bien, solo para no tener que dar explicaciones. Porque sinceramente, ni yo sé bien qué me pasa. Es como un enredo de emociones que no logro desatar del todo. Me río, sí, pero por inercia. Camino, hablo, respiro... pero todo me sabe a cartón. Como si estuvier...