Monserrat
Cada vez que salgo con mi amigo Sebas, los sábados y algunos días libres, vamos al cerro de Montserrat a subir a pie y bajar de la misma manera. Tenemos la extraña costumbre, que no es realmente una costumbre, de que siempre nos suceda algo aleatorio que generalmente causa muchas risas entre ambos.
Íbamos conversando de la vida, y él simplemente se detuvo a amarrarse los cordones del zapato, mientras yo seguí adelante. De repente, un hombre de escasos recursos se acercó y bloqueó mi camino extendiendo la mano para saludarme. Sabes, soy amistoso, pero te aseguro que a nadie le gusta (ni siquiera a mí) que le bloqueen el camino de esa manera, sin saber quién es la persona ni cuáles son sus intenciones.
"Hey, ¿cómo estás? ¿Todo bien?" - me saludó el hombre.
"Bien, señor," respondí con la cara algo tensa.
"¿No tienes algo para darme de comer?"
"Ehmmm... No, señor."
Cuando me volteé para buscar a Sebas, vi que le estaban ofreciendo bareto y yo estaba desconcertado.
Llegó un policía y les llamó la atención, lo que puso fin a ese momento que me dejó atemorizado, simplemente porque dos hombres con no muy buenas intenciones nos rodeaban. Uno le ofrecía algo a Sebas y el otro me bloqueó el camino de manera agresiva.
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